su dura consistencia
inaccesible
al más amoroso tacto,
su corazón reconcentrado
cuyo latido infinito
traspasa las eras
como el gemido
de los muertos,
de los muertos,
un latido interminable
que por acompañarnos siempre
nunca oímos.
nunca oímos.
Yo amo esta piedra
mientras la sostengo
mientras la sostengo
impasible
frente a ti en mis manos
y anhelo su abrupta caricia
su piel unánime
su desolado reino...
pues yo, como tú,
intruso, extranjero
en este planeta de piedras,
de piedra,
intento ganarme su estima,
porque el hombre miente...
y sólo en la piedra,
amor mío,
en el lento corazón de tu piedra
permanece la huella
del labio.

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