(En construcción)
Y sí, hermanos, si los androides creen que el Azar gobierna el devenir
y que la Fortuna es la emperatriz del mundo,
hagamos a su dios a su imagen y semejanza.
Conectémoslo.
Que su vibrante voz sea la ola que arrase sus sorprendidos puertos,
que brame como un súbito huracán de metal y plasma,
que eléctricas tempestades se desaten al entreabrir su boca,
que diga amor y todo tiemble,
y cualquier circuito colapse aleatoriamente,
que diga cielo y no Le escuchen,
salvo después de derretir el zinc de muchas de sus mentes.
Llamémosle Godrand y que cada androide tema.
Y que cada androide crea
que hay un futuro terrible o glorioso,
y que es mejor obedecer
a ser infiel o dormir sin fe
frente a cualquier inesperada muerte.

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