viernes, 3 de septiembre de 2010

TELMA, DESORIENTADA, SE SUMERGE EN EL LAGO.







DE LIRA

Entre árboles y alcores
y azules azucenas ya perdida,
en  musgos y en  temblores,
mi piel ensombrecida
se torna  verde piedra estremecida.

Ay sol no deteriores
el brillo de mi faz desfallecida,
ardor de mis dolores,
derrámate en la huída
y viértete en luz bajo la herida.

Y vos, sierpe y veneno,
oriente que ocultáis  como celada
de lirio en  que ahora peno
mi huella extraviada,
dejad lucir el rastro en mi pisada.

¡Qué engaño cruel, qué ilusa
pensar en domeñar a esa serpiente,
abrir en la confusa
arqueta  su otra mente,
reptar en su lenguaje diferente!

Y ahora que he perdido
mi aliento y la palabra arrebatada,
en pétalo abatido
mi lengua ya agrietada
se enerva y se coagula abandonada.

¿Qué hacer en la espesura,
sin la voz del que amo silenciada,
sin fuente, sin cordura,
sin su calma mirada,
con  mi sed aflorante desbordada?

¿Huir por  el sendero
del llanto sin licor y sin consorte
beber en el ribero
de un río sin más norte
que ese lago añil que me conforte?

Y un espejo azulado
penetra lentamente por sus poros
y anega cada vado
y ahoga ya sus lloros
y acalla sus latidos más sonoros...